jueves, 4 de julio de 2013

Te segui

He seguido tus huellas por la arena ardiente del desierto, las seguí sin separarme de ellas, posando mi mirada en cada una, sin perderlas de vista. Las seguí hasta que el viento soplo y las borro de mi vista, para encontrarme solo sin saber donde ir y sin saber a lo que seguir. He seguido tus huellas hasta que desaparecieron sin darme opción.

He seguido las señales de tu camino, el que creí que me llevaba hasta ti, tropecé en mil callejones sin salida, en cientos de muros y vallados que impedían mi camino. Volví y recorrí nuevos senderos pensando que en uno de ellos estarías tu, pero acabe en una carretera en la que no veo ni principio ni fin.
He seguido la estela de tu barco en los mares y océanos de lejano mundo, he navegado por las antiguas rutas marítimas explorando cada una de sus islas, esperando encontrarte en alguna de ellas. Surque mil y una corrientes para seguir a tu embarcación y ver como se perdía en los confines del mundo, quedándome solo ante la inmensidad del mar.
Te seguí a donde acaba el mundo y empiezan las estrellas, donde nacen los sueños y mueren las tristezas, donde tus manos me llevaron y tus besos me perdieron. Te seguí allí donde tu me has dejado sin una pista para encontrarte.

Una marca

Una marca en la piel y otra en el corazón, una marca en los labios y otra en el alma. Una marca que tras el tiempo no se ira pues todavía perdurara en el recuerdo. Un recuerdo que en las noches de triste soledad te despierta con la frente empapada por el sudor de la agonía de un bello sueño. Un sueño que cada noche se repite y ansia lo que una vez fue.

Una noche y otra, un amanecer que te descubre el desvelo del sabor amargo del vacío de las sabanas, una soledad que te acaricia tras el velo de una ilusión perdida. Fueron tantos los momentos en que la soledad abrigo, en que el murmullo de las voces no era nada mas que un tenue silencio que se rompía en jirones para recordad la música con la que tu y yo bailamos. Soledad que a pesar de tus palabras acompaña en cada uno de los minutos que pienso en ti. Si me siento solo simplemente es porque me faltas.
Una lágrima que resbala y rompe en el alba para deshacerse entre mis labios. Esa lágrima lleva tu nombre, ella recorre mi cuerpo y te lleva contigo allí donde mueren las esperanzas. Un tiempo que se pierde, pues carece de sentido esperar. Un tiempo que agoniza en la desesperación de quien no sabe la verdad y una verdad que no sabe si es una mentira.
Una marca, una mas, en la cicatrices que curaron hace tiempo. Una muesca en un corazón que agoniza ante la falta de ti. Una herida que curara, lentamente, en la soledad de un vacío perpetuo. Una marca que lleva tu sello, tus mentiras, tu verdad y tu tranquilidad. Buscaste alejarte y la distancia lo consiguió, para nunca mas encontrarte.

martes, 25 de junio de 2013

Ayer

Ayer tus ojos se cruzaron con los míos, volví a verlos y me volví a sumergir en la quietud de tu azul. Tu mirada me paralizo, desafiante se mantuvo y tus ojos hablaron para mi, me recordaron el despertar a tu lado, las lágrimas que nos dañaron y me recordaron el brillo de una estrella. Tu mirada me busco y encontró lo que yo no supe ver.
Ayer tu voz hablo y esas palabras eran para mi. No hablaban de rencor ni hostilidad, simplemente hablaban de ti y de mi, desde el corazón. Tu voz era como la recordaba cantarina, alegre y mi alma bailo junto a ti. Donde yo no supe que decir tu hallaste lo que hablar.
Ayer tus manos me tocaron, se posaron en el pecho para sentir mi latir. Acelerado, nervioso, como el tamborileo de un redoble de tambor, lo encontraste, igual que sentí yo el calor de tu caricia, la que todavía dura y quema en el pecho. Mis manos se acercaron y acariciaron tus mejillas tu las atrapaste para que nunca se soltaran. Nuestras manos se encontraros para tocar lo que no debimos.
Ayer tus labios me besaron y recordé tu sabor, lo deseaba, lo echaba de menos y me perdí en el laberinto de mis emociones, mis labios temblaron pero los calmaste con el abrazo de los tuyos, se perdieron otra vez intentando explicar lo que ocurría, pero sin encontrar respuesta se dejaron llevar por tu aliento. Y besamos al tiempo para recuperar lo que perdimos.
Ayer me prometiste que dejarías todo por mi, que no habías parado de recordar lo que vivimos, pero cuando tus labios me besaron desperté, desperté del sueño, deseando volver a dormir y encontrarme contigo otra vez, deseando que lo que soñé se haga realidad y esperando que la casualidad algún día te lleve a leer todo lo que te escribí.

viernes, 21 de junio de 2013

Hay días

Hay días en los que nadie entiende una lágrima que emborrone las letras de tinta escritas en papel. En papel tan frágil, que quiebra con el mero chasquido del corazón, tan frágil como el cristal que envuelve la urna de los sentimientos. Blanco y expectante para ser cubierto de frases que el mismo tiempo se encargara de borrar.
Hay días en los que nadie entiende una sonrisa triste, que en la comisura de los labios derrame todo aquello que le hace daño. Que entre los labios aguante el peso de tantas palabras calladas, los besos de tantos mordiscos hirientes, las huellas de un pasado que escuece en las gritas de la piel.
Hay días en los que nadie entiende un besos de despedida. Tu último beso, el mio. Un besos que se escapa y acaba en la punta del destino, llevado por la marea de lo que un día fue pasión y hoy es desilusión o compasión. Un adiós que llega para ser eterno, para que en el camino de la vida exista tu marca.
Hay días en los que nadie comprende un silencio, apagado y menguado. Un silencio que habla de más, que dice mucho y contiene poco. Un silencio con el que tiemblan los labios, con el que se apagan los ojos y se escapa la esperanza. Un silencio que espera una palabra y pueda romperse para decir tu nombre.
Hay días en los que nadie comprende porque amamos o queremos, esos días en los que las lágrimas corren por la piel, en los que las sonrisas, tan efímeras como las flores, se marchitan; en los que los besos se pierden y los silencios se hacen eternos. Hay días en que las preguntas afloran y es en esos días cuando tu corazón te demuestre porque la quisiste tanto y porque te duele hoy.

A ti

Quisiera escribirte unos hermosos versos,
que hicieran justicia a tus besos,
que describieran realmente tus abrazos
y que provocara la sonrisa de tus ojos.

Podría compones una hermosa sinfonía
con tu voz como hermosa melodía
que me cantara durante el día
y me susurrara mientras pasa la noche.

Sueño con pintar el color de tu risa.
Que permanezcas quiera, sin prisa.
Mientras el pincel dibuje y trace
En ese papel pentagrama o lienzo,
el deseo de un comienzo
y la verdad de un corazón.

jueves, 30 de mayo de 2013

Siete pecados capitales



Hace tiempo fui un pecador. Hace tiempo que peque, hace tanto tiempo que las huellas de mis pecados son débiles,  para algunos, pero para mí aún perduran en el aroma de cada nuevo día, de cada anochecer, de cada madrugada esperando al alba. Mis pecados no fueron comunes ni los más extraordinarios. Mis pecados fueron capitales y por ellos en pecador me convierto, esperando redimirme de ellos algún día.
Cometí lujuria, pues en la noche, bajos las sabanas deseaba una y otra vez tu cuerpo, el calor de tu alma. Deseaba recorrer cada centímetro de tu piel para erizarte la pie. Cometí lujuria pues nunca me cansaba de amarte hora tras hora.
Use la pereza para retenerte en la cama , para entretenerme en tu mirada  al despertar.  Use la pereza para llevarte a sofá y allí abrazarte hasta que los segundos se agotaran, la use simplemente para compartir contigo todo lo que el tiempo nos quitaba. Pereza para dormir todas las noches a tu lado, sin que nada nos molestara.
Utilice la gula en cada uno de mis besos, en cada uno de mis abrazos,  de mis te quiero. La use para hartar mi apetito de ti, para conseguir sentirme satisfecho e hinchado por el festín.  Gula y más gula en cada uno de mis actos para llenar un vacío que nunca se cansó de ti.
Expuse mi ira cuando quisiste alejarte de mí, no comprendí  que después de hacer todo tan perfecto decidieras partir donde los recuerdos se agotan y el tiempo te cura, donde el olvido se acerca cada día mas a mi memoria  y donde ya no queda nada más que soledad.
Sentí envidia de aquel por quien lloraste, por quien soñabas o aquel por quien esperabas sentada en un rincón. Sentí envidia porque no sintieras aquello por mí, solo quería la mitad de aquel sentimiento tan puro, la mitad de aquéllas lágrimas y la mitad de esos sueños. Solo quería la mitad de tu corazón.
Fui un avaro al quererte solo para mí, a querer solo tus besos, tus palabras al oído, al querer que el olor de tu cuerpo me meciera cada noche en mis sueños. Te quise solo para mí y quizás ese fue mi mayor  pecado y el que más me martiriza en mis pesadillas.
Cometí soberbia al no ver mis propios pecados, al no ser capaz de descubrir mis fallos, a creerme que era perfecto, pero no fui nada más que un imperfecto que no puedo hacer que todo fuera perfecto para arrancarte una sonrisa.
Fui un pecador, que aún espera perdón, tu perdón, el perdón de la vida y mi perdón.  Soy un pecador porque mi único pecado fue amar lo que nunca fue mío, querer lo que nunca tuve y soñar con lo que jamás tendré. Mi pecado tiene nombre y ese nombre es el tuyo.