miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cuando las palabras callen



Últimamente paso las noches sin dormir, buscando una pregunta que no calle, una palabra que no se ahogue, un recuerdo que no olvide. Paso las noches pensando en ti, intentando que el corazón se engañe y te odie. Intentando entender que fue del destino o de aquel “para siempre”, busco y no encuentro manera alguna de que el tiempo me cure.

Sabes que a veces las palabras callaron y que actuaron  mis actos, que el tiempo se me quedo corto para comprender,  aquella noche,  que te amaba, que siempre te recordaría, que no quería que el adiós fuese eterno y  que siempre te querría a mi lado. Callaron las palabras cuando tus ojos me pidieron que te besara, cuando tu piel se erizo con mi acaricia, cuando mi sonrisa jugaba con la tuya, cuando tímidamente te buscaba entre la gente para encontrarte, sobraron las palabras cuando te despedí con un  nudo en la garganta.

Te volví a encontrar como una desconocida, como una pasajera más del tren de la vida. Te volví a ver y sobraron las palabra cuando al pasar a tu lado enmudeciste y guardaste, cuando al pasar cerca se esbozó una media sonrisa, cuando tu mirada, tímida, se encontró con la mía, que se llenaba contigo, entonces el tiempo se detuvo y por un instante volví a ser tú y tu volviste a ser yo.

Recuerda, cuando todo acabe, cuando yo marche de tu recuerdo y tu del mío, cuando las palabras ya no signifiquen nada, recuerda que un día te amé, que la intensidad acabo conmigo esperando encontrarte donde las estrellas  pierden su brillo y allí con el ultimo latido de mi corazón comprenderás que cuando las palabras callen solo quedara tu recuerdo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Preguntas al tiempo



En noches de oscuridad casi eterna, en noches en las que los recuerdos corren más rápido que el mismo sueño, en los que la cabeza piensa una y otra vez. En noches en los que la melancolía de los vacíos se desboca y no ansia nada más que el calor de un cuerpo a su lado. En noches como esas, pregunto al tiempo.

Pregunto, porque lo que yo creí efímero, lo que yo pensé que era un instante de la misma eternidad que me tocaba compartir; se esfumo, se evaporo, se perdió y entonces comprendí que la misma belleza es un segundo de un millón. Pregunte por los recuerdos, esos que todavía anidan, esos que todavía escuchan, que todavía viven, les quise echar y más se quisieron quedar, los quise perder y más se hicieron de notar. Pregunte porque aún estaban y ellos mismos me contestaron que se escaparon de su silencio.
Pregunte porque la vida insistía en suministrarme su realidad, en avergonzar  a mis ilusiones, en desmentir a mis sueños. Pregunte por ti, por el olvido y este se olvidó de mí. Lamentablemente el tiempo tiene cosas más importantes que hacer  que el desprenderme de tanto equipaje.
Déjame  decirte antes de que te abandone, antes de que vaya en busca de mi camino. De que me pierda y me equivoque, de que piense, de que sienta, de que te diga alguna otra estupidez. Déjame preguntar al tiempo. Déjame preguntarle la salida del laberinto y por fin poder comenzar.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Historias tristes.



Tic tac, suena tu corazón, acompasado al ritmo del tiempo que corre al encuentro de tu recuerdo. Tic tac, como un metrónomo marcando los tempos de la melodía que susurran tus labios. Tic tac, fundiéndose en mí, encontrando su vibración,  buscando donde golpear. Tic tac, marcando el ritmo de las historias tristes que cuenta tu piel.  Suena t corazón golpeando al mío, bailando junto a él.

Tu mirada, vidriosa, esquiva, incierta. Tu mirada en la que naufrago, en la que me pierdo buceando, buscando en esa inmensidad. Tu mirada cuenta historias tristes, tus lágrimas hablan de ellas, añoran a las palabras para perdonar, para no molestar. Ella me mira y entiendo que me cuenta, seco cada una de sus pequeños secretos intentando ocultar  cada uno de sus sufrimientos. Porque su mirada me cuenta historias tristes.
Tus labios no hablan, pero dicen, no escuchan, pero oyen  y  en cada uno de los arañazos que contiene hay una historia triste. La del adiós, la de la mentira, La de la hipocresía, la del dolor, la de la distancia, la del tiempo, la de sus besos secos, agrietados por el viento del sufrimiento, la de amor, esquivo y mentiroso. Tus labios sangran y es por cada uno de los surcos que el tiempo dejo en ellos.
A tu piel suave la recorre una gran cicatriz y una herida sin curar. Una gran cicatriz de la primera verdad que supiste, del primer encuentro con la realidad, de la primera oportunidad desperdiciado. Una cicatriz antigua pero que siempre duele y recuerda su día. La otra, una gran herida imposible de curar, una gran sangría que se te lleva poco a poco. Una gran herida que has intentado callar pero que sigue contando una historia triste.
Una historia triste es la que te acabo de contar, la historia de un sueño propio, la de un reflejo en un espejo, la de un vacío en la soledad, la de un eco en la oscuridad, la de un recuerdo que juega a volver y la de una verdad que ya no es. Una historia triste es imaginar que nada de esto ocurrió.

domingo, 12 de octubre de 2014

Quizás sea amor



Me ha dado por pensarte , por recordarte, por retener en mi memoria los momentos que pasamos juntos, me ha dado por querer saciarme de tu cuerpo ; por perderme entre tus voluptuosas curvas, entre la suavidad de tu piel, entre los lunares de tu cuerpo, entre las marcas de tus labios. Una y otra vez mis dedos, jugando contigo sin ti, tropezando en cada herida.
Deseo y lujuria, pasión y quizás amor, despiertan el instinto de mi corazón, haciéndome perder la razón. Conquistando mis imperios, arañando mis armaduras, mellando mis armas, atrapando mis sentidos y es que cuando me miras con tus ojos derrumbas mis férreas defensas; tiemblo  por dentro, lloro destrozado, escondiendo de ti todo mi sentimiento. Hace tiempo que perdí la sensación de sentir porque el colapso de mis sentimientos llevo a la agonía de mi alma, ha languidecer en un invierno frío y oscuro, en una tenebrosa guarida escondida en una alta montaña. Tu con tu mirada me iluminaste.
A veces te da por echarme de menos o eso me gustaría pensar, te da por pensar un ínfimo instante en mi,  te da por recordarme y sonreír. A veces te da por usarme para tus fines secretos, para tus deseos, para tus aventuras, para que el gemido te lleve al éxtasis y este al placer, para jugar sin sentir. Como escapar de ti si soy yo quien te busca, quien a pesar de tu vida y la mía, paseo en tu boca. Como escapar si quizás es amor.
A veces me da por pensar en ti y en mi; en nuestra vida, en la que no tenemos pero me gustaría tener, en la ilusión de besarte todas las mañanas y rozarte todas las noches. Pero me arrepiento de cada una de esas ilusiones  por no hacerte participe de ellas. Quizás sea amor por que no dejo de pensar en ti, en tus besos, en la mordedura de tus labios, en tu mirada, en tus caricias en mi pelo,  en los escalofríos de mi piel cuando tu aliento recorre mi cuello, en el calor de cuerpo con cuerpo, en tu sonrisa y en tu ausencia. Quizás sea amor, quizás lo sea, pero… ¿y si no lo es?

martes, 19 de agosto de 2014

Dos enamorados



Conozco a quien huye del amor, a quien recorre las distancias para poner tierra de por medio, a quien juega una y otra vez con los rizos de tu pelo por mera diversión.  Veo a quien no sabe amar, a quien no quiso querer, a quien no quiso escuchar el latir de tu corazón. Me recuerdo una vez más en esos instantes que se dibujan en las efímeras nieblas de las madrugadas.
Me asome a la ventana, como de costumbre, buscando en el la luna la curva de tu sonrisa, la luz de tu mirada, el sueño de una noche que se evaporo.  Mire de nuevo a las estrellas como las miraba junto a ti. Jugué con mi aliento a los escalofríos sobre tu piel. Pero ellos, ellos me despertaron de mis pensamientos. Dos enamorados, en la noche fría, bajo la luz de una farola. Dos y un corazón, latiendo unido al unísono.
Dos enamorados entregándose, enredándose, mirándose y gravando en sus memorias cada uno de sus besos, de sus caricias, guardando para ellos los te quiero, los te amo. Me recordé en ellos, a ti y a mi, como la primera vez. Vi como se despedían y como se entretenían en sus dedos, como él la abrazo y la beso y te recordé otra vez.
Ella se marchó y el espero, porque sabía que volvería, porque tenía esa certeza, porque sabía que en ese instante, ella ya estaría escribiendo un te echo de menos. Pasaron apenas los segundos cuando ella llego corriendo y lo abrazo como si no hubiera otro día, como si hubieran pasado años desde su último beso. Desde ese momento supe que a ellos los había unido el destino.
Dos enamorados condenados a amarse, a buscarse en el fin del mundo, a separarse y a encontrarse en los recuerdos, para volver a estar juntos. Dos enamorados que se  pierden entre sus miedos y sus pobrezas, entre sus  tristezas y motivos, para descubrir que se necesitan. Ellos lo saben y aunque se extravíen siempre encuentran la manera de volver corriendo para ese abrazo que haga olvidar todo. Para ese último adiós sin fecha prevista.